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El fuego del agua quema más que la ardiente lava... en la magia la luz siempre vence. (Archimaga blanca del gremio Esfera de luz)


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La montaña mágica
Autor: Thomas Mann
Género: Novela Aventuras
Año: 1924
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(Sugerido por: constantine)

Sinopsis
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Sinopsis
La novela está dividida en siete capítulos, cada uno de los cuales se subdivide a su vez en varios epígrafes.

Llegada al sanatorio:
La novela se abre con el viaje en ferrocarril del joven de veintitrés años Hans Castorp desde Hamburgo hasta Davos, en los Alpes suizos, para visitar a su primo Joachim Ziemssen, en el Sanatorio Internacional Berghof. Castorp llega al sanatorio al anochecer de un martes de principios de agosto. Joachim, que piensa seguir la carrera militar, lleva ya cinco meses internado en el sanatorio tratándose de su tuberculosis, y advierte a Castorp, cuando va a recibirle a la estación, de que en el lugar se vive con un sentido del tiempo enteramente diferente al habitual. El sanatorio se encuentra en lo alto de una montaña, a más de 1600 metros de altitud. A Castorp, que acude al sanatorio no como paciente, sino como simple visitante, se le asigna la habitación 34, en la que acaba de fallecer una enferma estadounidense, y que se encuentra situada entre la de su primo y la de un matrimonio ruso.

Tras narrar la primera toma de contacto de Castorp con el sanatorio y sus huéspedes, se explican (en el capítulo II) los antecedentes familiares del protagonista, único hijo de una familia de comerciantes de Hamburgo, que, tras el prematuro fallecimiento de sus padres, ha sido educado primero por su abuelo, y luego por su tío, el cónsul Tienappel. Aunque cuenta con una buena posición económica gracias a la herencia familiar, acaba de concluir sus estudios de ingeniería naval y está ilusionado con la perspectiva de empezar a ejercer la profesión.

En el momento de su llegada, Castorp tiene la intención de permanecer sólo tres semanas en el sanatorio visitando a su primo, antes de incorporarse a su trabajo en los astilleros Tunder & Wilms. En la noche de su llegada, conoce a uno de los médicos del sanatorio, el doctor Krokovski.

El primer día:
El capítulo II de la novela está íntegramente dedicado a narrar minuciosamente la primera jornada de Castorp en el Sanatorio Internacional Berghof. Ligeramente molesto por las ruidosas manifestaciones de afecto del matrimonio ruso que se hospeda en la habitación contigua a la suya, Castorp baja a desayunar al comedor con su primo a las ocho de la mañana. El comedor es una sala amplia, más larga que ancha, y muy luminosa, en la que están dispuestas siete mesas, cada una de ellas con capacidad para diez comensales. Joachim presenta a Hans a sus compañeros de mesa, aunque éste no les presta demasiada atención.

Al salir del comedor, Castorp es presentado al médico jefe, doctor Behrens, que en una charla aparentemente de cumplido aprecia síntomas de anemia en el joven. A continuación, Castorp y su primo salen a pasear por los alrededores del sanatorio; se cruzan con un grupo de jóvenes de ambos sexos, que forman parte, según explicará posteriormente Ziemssen, de la "Sociedad Medio Pulmón". Una chica del grupo, Herminie Kleefeld, silba con su neumotórax para sorprender a Castorp.

Ruggero Leoncavallo fue el modelo del personaje de Lodovico Settembrini en cuanto a su apariencia física. A Castorp su mezcla de dejadez y encanto le hacía pensar en un organillero.

Castorp comenta que ha empezado a notar dos extraños síntomas desde que se encuentra en el sanatorio: siente un extraño ardor en la cara, y ha dejado de apreciar el sabor de los puros que suele fumar (de la marca Maria Mancini). La conversación que sigue entre los dos primos gira en torno al tema de la muerte, pero es interrumpida por la llegada de un nuevo personaje, Lodovico Settembrini, un escritor italiano, de Padua, admirador de Carducci, de quien recita un himno a Satán. La apariencia de Settembrini, "mezcla de dejadez y encanto", hace a Castorp pensar en un organillero. Su conversación, trufada de citas literarias, con referencias a la ópera La flauta mágica, el poeta latino Virgilio y la mitología griega, causa a Castorp una grata impresión. Con el tiempo, Settembrini, masón, ardiente defensor del humanismo, la democracia y el progreso, terminará por convertirse en cierto modo en el amistoso mentor de Castorp en cuestiones de filosofía y política.

Los dos primos regresan después al sanatorio para realizar la cura de reposo prescrita en el tratamiento de Ziemssen, a la que se suma Castorp en su afán de seguir las costumbres del lugar. Tienen una breve conversación acerca de la naturaleza del tiempo, hasta que llega la hora del almuerzo. Concluido éste, dan un nuevo paseo, llegando esta vez hasta el pueblo, al que sigue una nueva cura de reposo. Durante la comida, que a Castorp le resulta excesiva, hace su aparición un nuevo personaje, Clavdia Chauchat, rusa, que llama la atención de Castorp por su desagradable costumbre de dar portazos. En la cura de reposo que viene a continuación, mientras está tumbado en la chaise longue de la terraza de su habitación, el protagonista es testigo de las bravatas de un enfermo incurable, el señor Albin, que en el jardín fantasea con la idea del suicidio ante un grupo de señoras.

Durante la cena, Castorp ve de nuevo a Clavdia Chauchat, que le recuerda a alguien, aunque no consigue precisar a quién. Después entabla de nuevo conversación con Settembrini, quien le aconseja que abandone cuanto antes el sanatorio. El protagonista, que se encuentra ya muy cansado, no toma en serio las palabras del italiano. Se acuesta poco después. En sus disparatados sueños, se mezclan las personas que ha conocido en el sanatorio con recuerdos de su infancia.

Las primeras tres semanas. Settembrini y Clavdia Chauchat:
El capítulo III describe la vida de Castorp en el sanatorio durante aproximadamente dos semanas y media. Dos personajes tienen un especial relieve en este capítulo: Settembrini y Clavdia Chauchat.

Durante los días que siguen a su ingreso en el Sanatorio Internacional Berghog, el protagonista conversa a menudo con Settembrini, quien le habla de su padre, un famoso erudito, y de su abuelo, Giuseppe Settembrini, que había sido revolucionario y tomado parte en la Revolución de 1830. El italiano le expone también a Castorp sus ideas acerca de la enfermedad, la música, y el progreso.

La conversación acerca de la enfermedad comienza cuando Castorp, un poco al azar, afirma que "la enfermedad, en cierto modo, tiene algo de noble". Settembrini lo niega vehementemente, exponiendo su punto de vista, según el cual la idea expuesta por Castorp es, en sí misma, enfermiza y oscurantista. Acerca de la música, las opiniones de Settembrini le resultan a Castorp bastante chocantes: aunque le reconoce "un aspecto moral", en tanto que "estructura el tiempo a través de un sistema de proporciones de una particular fuerza y así le da vida, alma y valor", afirma sentir hacia ella "una antipatía de índole política", por cuanto a veces puede ejercer una influencia similar a la de los estupefacientes.

Durante este periodo de tiempo, Castorp empieza también a sentirse interesado por Clavdia Chauchat, que ya el primer día le había llamado la atención por sus ruidosos portazos. Clavdia es una mujer rusa de 28 años, casada con un funcionario destinado en el Daguestán, de quien vive separada, pues reside prácticamente todo el año en sanatorios. Sus rasgos "tártaros" fascinan a Castorp, a quien le recuerdan además los de un antiguo compañero de escuela por el que sentía adoración en su infancia, Pribislav Hippe. Del desagrado inicial que le producen los modales de Clavdia, Castorp pasa a un estado de enamoramiento, aun cuando no se atreve a confesárselo a sí mismo, y a un morboso interés que le lleva a forzar breves encuentros con ella, aun cuando no se atreve a dirigirle la palabra. Madame Chauchat se sienta en una mesa relativamente alejada de la de Castorp en el comedor, que en la novela se conoce como "la mesa de los rusos distinguidos".

El primer lunes de su estancia en el sanatorio, Castorp, tras regresar de un paseo que le deja extrañamente fatigado, asiste a una conferencia del doctor Krokovski, en la que éste explica que la enfermedad procede "de una actividad amorosa reprimida", y defiende la "disección psíquica" como método de curación, ideas en parte coincidentes con las entonces en boga de Sigmund Freud.

Cuando se aproxima el momento en que, según lo proyectado, debe abandonar el sanatorio, Castorp coge inesperadamente un resfriado, y descubre que tiene fiebre. Acepta acompañar a su primo a la consulta del doctor Behrens, y éste le descubre una afección pulmonar y le ordena guardar cama durante tres semanas. Castorp, por lo tanto, deberá permanecer en el Sanatorio Internacional Berghof por un periodo de tiempo no precisado, pero que se supone será bastante largo.

La aclimatación de Castorp:
El capítulo IV de la obra cubre un período de tiempo considerablemente más amplio que los anteriores: desde septiembre del año de la llegada de Castorp al sanatorio, hasta febrero del año siguiente, concretamente hasta la noche del Martes de carnaval.

Para curarse su inesperada enfermedad, Castorp pasa tres semanas en cama, sin participar en la rutina diaria del sanatorio, aunque se informa de las novedades a través de su primo Joachim. Un día recibe la visita de Settembrini, quien le manifiesta su deseo de actuar como su mentor, a lo que el joven accede encantado. Finalmente, cumplido el periodo de tres semanas prescrito por el médico, y a finales de septiembre, Castorp abandona el lecho y se incorpora de nuevo a la vida del sanatorio. Ocho días después, se le hace una radiografía, que confirma el diagnóstico inicial de Behrens. La experiencia de ver el esqueleto de su primo, y el de su propia mano, causa a Castorp una honda impresión: "Hans Castorp no se cansaba de mirar [...] aquellos huesos sin carne que no eran sino un memento de la muerte".

A partir de ese momento, Castorp se adapta a la perfección a su nueva vida como paciente en el sanatorio. Escribe a su familia para explicar la situación, que le obligará a posponer su ingreso previsto en los astilleros, y se prepara para una estancia larga, de duración indefinida. Settembrini vuelve a prevenirle contra el ambiente del sanatorio, y a aconsejarle que se vaya cuanto antes. Además, le previene contra la influencia "asiática" que puede sufrir allí, en una velada alusión al amor disimulado que por entonces siente Castorp hacia Clavdia Chauchat. Sin embargo, el protagonista hace oídos sordos a las palabras de Settembrini.

Por entonces, Castorp está ya "perdidamente enamorado" de Madame Chauchat, aunque no se atreve siquiera a dirigirle la palabra, y se conforma con algunos breves encuentros aparentemente casuales, que le hacen sentir una gran excitación. Como se entera de que el médico jefe, el doctor Behrens, está pintando un retrato de Clavdia, se hace invitar a sus habitaciones con la única finalidad de ver el retrato de su amada. La conversación con el médico, sin embargo, llama su atención hacia el misterio del origen de la vida, y hacia disciplinas como la anatomía, fisiología, la patología, la embriología y otras afines, sobre las que empieza a leer con fruición. Reflexiona acerca de qué es lo que distingue a la vida de la muerte, y a la materia viva de la materia inerte.


Naphta:
El capítulo V se inicia el día siguiente a la partida de Clavdia, que deja a Castorp desconsolado. Durante cierto tiempo se interrumpe la relación entre Castorp y Settembrini, ya que este último está decepcionado por el comportamiento del joven con respecto a Madame Chauchat. Sin embargo, llegada ya la primavera, ambos reanudan su relación. El italiano le anuncia sin embargo su intención de abandonar el sanatorio para instalarse en el pueblo (en Davos Dorf), ya que finalmente ha desistido de su curación. Castorp comienza por entonces a acudir a sesiones de psicoanálisis (de "disección psíquica") en el despacho del doctor Krokovski, y siente, coincidiendo con la floración primaveral, un súbito interés por la botánica. Ziemssen está deseoso de partir para incorporarse a la carrera militar, pero los médicos se lo desaconsejan vivamente.

Un día que los primos están paseando por los alrededores, se encuentran por casualidad con Settembrini, que ya ha abandonado el sanatorio, y pasea en compañía de un profesor de latín que vive realquilado en la misma casa que él, Leo Naphta. A pesar de las reticencias del italiano, que ve en Naphta una influencia perjudicial para Castorp, los primos acuden a visitarle a su casa.

Las conversaciones entre Naphta y Settembrini, dos formas opuestas de ver el mundo, ocupan numerosas páginas de la novela. En la primera conversación escuchada por Castorp, Settembrini se declara monista, y Naphta dualista. Mientras que Settembrini es partidario de la acción, Naphta defiende la vida contemplativa, citando a Bernardo de Claraval y Miguel de Molinos para rebatir la aseveración de Settembrini de que el quietismo es propio de la mentalidad oriental. La conversación se desliza después hacia temas políticos, y Naphta expresa, de forma vaga, su idea de un "nuevo reino de Dios", mientras que el ideal de Settembrini es la "República universal".

La segunda conversación se desarrolla días después, cuando Castorp y Ziemssen acuden a visitar a Naphta en sus habitaciones, que les sorprenden por su lujo. Llama la atención de Castorp una Pietà gótica, del siglo XIV, que le conmueve porque "nunca hubiera podido imaginar algo tan feo [...] y al mismo tiempo tan bello". Castorp y Naphta han entablado una conversación sobre estética cuando inesperadamente llega Settembrini y se une a la reunión. En la discusión que sigue, Naphta manifiesta algunos puntos de vista que sorprenden a Castorp: defiende la teoría geocéntrica de Ptolomeo, frente al heliocentrismo de Copérnico, ya que sólo "es verdadero lo que es beneficioso para el hombre". De este modo, el hombre es la medida de todas las cosas y su felicidad es el criterio de la verdad. Un conocimiento teórico que careciese de referencia práctica a la idea de felicidad del hombre estaría tan sumamente desprovisto de interés que no se le podría conceder el valor de ser verdadero y tendría que ser rechazado.

Partida de Ziemssen:
Capítulo VI. Llega el mes de agosto, con lo que se cumple un año de la estancia de Castorp en el sanatorio. Joachim, que lleva casi año y medio internado, decide, cuando el doctor Behrens le prescribe otros seis meses de estancia en el Berghof, abandonar por su cuenta y riesgo la institución para incorporarse a su regimiento. En cuanto a Castorp, el doctor dictamina que se ha restablecido ya, pero él se niega a aceptarlo, y decide permanecer en el sanatorio. Pocos días después, Ziemssen abandona el Berghof. En otoño llega uno de los tíos de Castorp, James Tienappel, con la finalidad de arrancar de allí a su sobrino, ya que no entiende por qué se obstina en permanecer allí. La llegada de Tienappel recuerda un tanto a la del propio Castorp el año anterior; como Castorp con Madame Chauchat, Tienappel comienza a sentirse fascinado por una tal señora Redisch. Sin embargo, después de una morbosa conversación sobre la muerte en el comedor, parte de improviso, desistiendo de llevarse a su sobrino.

Tras la partida de su primo, Castorp establece relaciones amistosas sobre todo con dos enfermos: Anton Karlovich Ferge, ruso, de San Petersburgo, uno de los desahuciados que visitó en la época en que practicaba la caridad; y Ferdinand Wehsal, alemán, de Mannheim, enamorado platónico, como lo había sido Castorp, de Clavdia Chauchat. Con ellos acude a menudo a visitar a Naphta y a Settembrini. El interés de Castorp por Naptha se ve reforzado cuando descubre que es jesuita, y encuentra semejanzas entre su condición y la de su primo Ziemssen, el militar. Varios meses después, ya próxima la Navidad, tiene lugar una nueva conversación entre Naphta y Settembrini, a la que asisten como testigos Castorp, Ferge y Wehsal, acerca de la enfermedad y la muerte. En el curso de dicha conversación, se abordan también los temas de la tortura y la pena de muerte, sobre los que Naphta y Settembrini mantienen posiciones divergentes.

Tras un año de ausencia, durante el cual ha seguido con éxito su carrera militar, alcanzando el grado de teniente, el primo de Castorp, Joachim Ziemssen, de nuevo gravemente enfermo, se ve obligado a regresar al Sanatorio Berghof. Llega a principios de agosto, dos años después de la llegada de Castorp al sanatorio y del comienzo de la novela. Ziemssen, que llega acompañado de su madre, le da a Castorp noticias de Clavdia Chauchat, con la que ha coincidido en Múnich, y le informa de que piensa regresar al sanatorio, posiblemente en invierno.

Ziemssen reanuda su vida de antaño junto a Castorp y sus nuevos compañeros, Ferge y Wehsal, y sus visitas a Naphta y Settembrini. Ya antes del regreso de Ziemssen, Castorp había descubierto, por mediación de Naphta, la pertenencia de Settembrini a la francmasonería, y había conversado sobre el tema con cada uno de sus "mentores" por separado, acerca de los propósitos de esta sociedad. Ya en presencia del primo de Castorp, tiene lugar otra conversación entre Naphta y Settembrini acerca de literatura, que se inicia cuando el primero emite un juicio despectivo acerca del poeta latino Virgilio, y ridiculiza la tradición clásica en general, lo que atrae una airada respuesta por parte de Settembrini. Para Naphta, lo que se conoce como tradición clásica no es más que "una forma de pensamiento típica de una época concreta, del liberalismo burgués para ser exactos, que como tal puede morir con ella", en tanto que para el italiano es "el reflejo de la esencia del hombre".

Pasa el tiempo y el estado de salud de Ziemssen va progresivamente empeorando. Castorp consigue que el médico jefe Behrens le revele que su muerte es inminente. Llega un momento en que el enfermo se ve obligado a guardar cama, y Castorp hace venir de nuevo a su madre. Finalmente, Ziemssen fallece, un día de finales de noviembre, a las siete de la tarde, dejando a todos conmovidos por el heroísmo con el que ha aceptado su destino.

Con la muerte de Ziemssen concluye el sexto capítulo de la novela.

Un nuevo personaje: Mynheer Peeperkorn:
Finalmente, a comienzos del invierno regresa, como Castorp esperaba, Clavdia Chauchat. Lo hace, sin embargo, acompañada de un nuevo personaje, Mynheer Peeperkorn, un holandés que se ha convertido en su nuevo amante. Peeperkorn, inmensamente rico gracias a sus plantaciones de café en Java, llama pronto la atención de todos los enfermos del sanatorio por su desbordante personalidad y por sus modales imperiosos. El hedonista Peeperkorn es alcohólico y tiene un apetito descomunal. Aunque inicialmente Castorp sufre por verse relegado en el amor de Clavdia, termina también fascinado por Peeperkorn. Ve en la fuerza de su personalidad, que subyuga a cuantos se encuentran en su presencia, la superación de la actitud exclusivamente intelectual ante la vida de Naphta y Settembrini.

Castorp presenta a Peeperkorn a sus dos "mentores", Naphta y Settembrini, aunque éstos no comparten su admiración por el holandés. A pesar de la interferencia que supone la presencia de Peeperkorn, Naphta y Settembrini continúan sus interminables disputas, en esta ocasión acerca del papel de la Iglesia en la historia de la humanidad. Aunque Peeperkorn es incapaz de articular un discurso coherente, la fuerza de su personalidad hace que los duelos dialécticos entre ambos contrincantes pierdan su fuerza.

En una conversación posterior, Castorp se sincera con Clavdia, a la que continúa amando a pesar de su profunda admiración por Peeperkorn. Castorp y Clavdia reanudan su relación, a espaldas de Peeperkorn. Días después, Castorp acude a visitar al holandés, que debe guardar cama frecuentemente, a sus habitaciones. Se confiesan su mutua amistad, y Castorp termina revelándole su relación con Clavdia. Eso no enturbia, sin embargo, su amistad, sino que parece fortalecerla.

En el mes de mayo, el grupo formado por Castorp, Ferge, Wehsal, Settembrini, Naphta, Peeperkorn y Clavdia Chauchat emprende una excursión para visitar la catarata del valle del Flüela. Esa misma noche, una enfermera despierta a Castorp: Peeperkorn acaba de suicidarse, utilizando un ingenioso mecanismo, que "reproduce la mordedura de la serpiente de cascabel", para inocularse una combinación de diferentes venenos. Ya antes, en una conversación con Castorp, el holandés se había revelado como un experto en venenos. Madame Chauchat abandona el Sanatorio Berghof para no regresar jamás.

Hacia el final de la novela, tanto Castorp como el resto de los habitantes del sanatorio caen en un estado de aburrimiento ("anestesia de los sentidos"), que les hace dedicar su tiempo a las actividades más diversas y banales: la fotografía, la filatelia, la pasión por el chocolate o el dibujo, sin olvidar los encuentros eróticos entre los residentes, a los que nuevas normas del médico jefe intentan poner coto. Algunos personajes tienen ideas aún más alocadas, como la de resolver el problema de la cuadratura del círculo. Por su parte, Castorp se entrega apasionadamente a la música, cuando el doctor Behrens adquiere para el sanatorio un gramófono y una nutrida colección de discos.
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cretasol
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luna
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anthony
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