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La genealogía de la moral
Autor: Friederich Nietzsche
Género: Ensayo Filosofía
Año: 1887
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(Sugerido por: rune)

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Sinopsis
En "La genealogía de la moral" Nietzsche aborda la crítica de la moral vigente a partir del estudio del origen de los prejuicios morales. Para ello utiliza el método genealógico, que consiste en realizar una investigación etimológica e histórica de los conceptos morales y de su evolución. Los resultados de dicha investigación fueron los siguientes: en las lenguas estudiadas "bueno" había significado en un principio "noble y aristocrático", mientras que "malo" era sinónimo de "vulgar, plebeyo, simple". En el texto al que nos referimos se dice que "los bien nacidos se sentían a sí mismos cabalmente los felices" y "las palabras que convienen al hombre vulgar (…) eran infeliz, digno de lástima, miedoso, mísero, cobarde, etc.", todo ello en la Antigua Grecia.

La terminología había sido creada, obviamente, por los nobles. La aristocracia griega ponía por lo tanto ciertos matices peyorativos en todas las palabras que utilizaban para diferenciar de sí al pueblo griego. Pero a medida que transcurre el tiempo es posible apreciar una transmutación en el significado de estos términos: los que eran considerados malos, los plebeyos, se rebelan, llamándose a sí mismos buenos, y relegando el concepto "malo" o "malvado" para los nobles. Esta apreciación tiene reflejo en el texto: cuando Nietzsche habla de "la rebelión de los esclavos en la moral" se refiere a esta transmutación de valores, que según él, fue llevada a cabo primero por los judíos y luego por los cristianos. Este cambios se debe por lo tanto a la rebelión, a una actitud reactiva que adoptan los que el denomina "esclavos", y es fruto del resentimiento de los plebeyos contra los nobles. En primer lugar, se observa con claridad a través de sus palabras que el pensamiento nitzscheano es un pensamiento aristocrático. Por otro lado, hay una clara alusión al pensamiento platónico-cristiano en el texto, ya que Nietzsche habla de los esclavos refiriéndose probablemente a los cristianos, o también al pueblo en general, que se había acogido durante sig los al pensamiento arrastrado desde Sócrates. Dice de estos esclavos que "les está vedada la auténtica reacción", es decir, la vida, ya que están sometidos a unas normas de conducta que provienen de una moral contranatural, y que atenta, por lo tanto, contra la vida; están sujetos a este tipo de moral esperando lo que el llama la "venganza imaginaria", esto es, el mundo Suprasensible platónico o el cielo cristiano. La moral de los esclavos niega, como negaba el platonismo y también el cristianismo, la vida, supeditándola a una invención, plagándola de leyes y normas, considerándola un castigo, negando al hombre y cambiándolo por lo desconocido. La moral de los esclavos había creado sus propios valores, "un mundo opuesto y externo", por contraposición a los reales, a la vida. este nuevo mundo intenta ser un mundo perfecto, creado, mejor que el real; pero es irreal e inútil. Se realiza así la transmutación de los valores. Es una reacción contra la vida misma cuyo fin último es imaginario y que lleva a los "esclavos" a despreciar lo real (cuerpo como cárcel en Platón). El mundo ideal es construido en contraposición al mundo real. Hay una alusión clara en la frase: "los nobles no tenían que construir su felicidad artificialmente y a veces persuadirse de ella, mentírsela (…) como suelen hacer todos los hombres de resentimiento". Es decir, los nobles serán aquellos hombres íntegros, repletos de fuerza, activos y creativos que no tienen necesidad alguna de creer en algo falso que promete ser mejor. Son, en resumen, el nuevo hombre: el superhombre, que puede vivir más allá del bien y del mal, más allá de las mentiras platónicas. "La moral noble nace de un triunfante sí dicho a sí mismo", y su concepto básico positivo es la pasión, la vida, que sólo ve al lo malo como un contraste que nació creado por el resentimiento. La moral del noble admite, acepta el error como parte de sí y de su propia existencia; considera el error como legítimo al intentar averiguar algo que se sale de su esfera, y "más aún, a cuyo conocimiento se opone con aspereza".

El hombre noble, el superhombre, goza de una felicidad muy distinta a la del plebeyo: no es una felicidad pasiva sino activa, basada en la creatividad. Vive con confianza y franqueza ante sí mismo, mientras que el hombre de resentimiento, el hombre cristiano, busca caminos falsos y retorcidos que le desvían y le apartan del verdadero camino de la vida. Los esclavos valorarán la inteligencia por encima de cualquier otra facultad humana, ya que le lleva a las "esencias", los "conceptos" de Platón, a su mundo verdadero. Sin embargo, la cualidad más apreciada en el superhombre por encima de la inteligencia es la intuición, "la perfecta seguridad funcional de los instintos inconscientes reguladores", los sentimientos en general, la pasión, "el amor, la cólera, el respeto, el agradecimiento". El superhombre tiene esa "fuerza plástica", creadora, remodeladora, regeneradora, que le permite al hombre crear, convertirse en un artista, liberarse de muchos problemas. El hombre noble es capaz de olvidar el resentimiento, perdonar a sus enemigos, mientras que el esclavo concibe al enemigo como malvado, ya por definición, al construir su mundo por contraposición a lo que él cree ser: bueno.

El esclavo y el hombre noble han encontrado representación en la obra de Nietzsche en una metáfora como el camello, que es el hombre religioso, cuyos principios se ven frustrados por medio del nihilismo y se convierte en león (ya es libre), y, más tarde, cuando el hombre busca respuestas en sí mismo, deja de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, entonces aparece el superhombre, el hombre noble: el niño. Este niño pone en marcha un nuevo comienzo; lo caracterizan la inocencia, el juego, el olvido, y sobre todo la creación de su mundo, su voluntad, y valores nuevos.
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