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Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy
Autor: Laurence Sterne
Género: Novela Biografía
Año: 1767
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(Sugerido por: marisol)

Sinopsis
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Sinopsis
Esta novela se publicó en nueve volúmenes, los dos primeros en diciembre de 1759 y los siete siguientes a lo largo de los ocho siguientes años.

Narrada en primera persona y de un modo intrincado, humorístico, desarreglado y un tanto picaresco, la novela pretende ser la autobiografía del narrador, Tristram Shandy. Sin embargo, en uno de los giros humorísticos centrales de la novela, a saber, que el tal Tristram Shandy es incapaz de explicar nada de forma sencilla, el narrador recurre una y otra vez a digresiones y anécdotas explicativas que supuestamente ayudan a formar el contexto de su vida, pero que de hecho van a ser la esencia de la novela, y que desvían el hilo conductor de la misma continuamente, impidiendo cualquier avance lineal en la trama. De esta forma, la novela se va extendiendo alrededor de las curiosas peripecias de un grupo de personajes relacionados con el narrador, de los que Sterne hace un retrato humorístico, y ofrece multitud de digresiones y anécdotas colaterales, hasta el punto de que el nacimiento de Tristram no ocurre hasta el libro III, y que éste sólo aparece como personaje brevemente en el libro IV para desaparecer el el libro VI.

En consecuencia, aparte del narrador —Tristram Shandy—, los personajes principales de la obra son su padre, el «genial» Walter Shandy; su madre, de la que nunca da su nombre, y que se muestra como una mujer nada obtusa y muy calmada, hasta nihilista; su Tío Toby, supuestamente inspirado en el padre del propio Sterne; el cabo Trim, criado de Toby (Diderot tomará una anécdota de éste como punto de inicio de su Jacques el fatalista); en menor medida, el Doctor Slop y el párroco Yorick (una suerte de álter ego de Sterne); y una serie de personajes secundarios como los criados Jenny y Obadiah que sirven de soporte de algunas anécdotas. La mayor parte de la trama de la novela (de la que muchos dicen no tiene en rigor argumento alguno) gira en torno a diversas anécdotas domésticas que ocurren en el entorno de los Shandy, con las que el autor logra crear escenas realmente cómicas gracias a que confronta los temperamentos opuestos de Walter (sarcástico, racional, irascible), y del Tío Toby (gentil, sencillo, desprendido, amante del género humano). En medio de esas anécdotas, el narrador, mientras trata de completar la historia de su vida, va a abordar temas tan variados como las prácticas sexuales, los insultos, la influencia de los nombres propios en las personas, las narices (forma eufemística con la que trata sobre los penes), la obstetricia, la ingeniería militar, la filosofía, etc.

Quizá lo que más llame la atención en el Tristram Shandy sean los aspectos más formales de la obra, en la que se hace parodia y experimentación de las estructuras narrativas en boga durante el siglo XVIII. En efecto, estructuralmente se trata de una obra singular, tremendamente libre, en la que el narrador no sigue el orden temporal de las vicisitudes narradas, sino que las encadena principalmente por asociación de ideas, y en la que se hace empleo una y otra vez de las pausas y los retrocesos con los que cualquier intento de sostener una línea argumental clásica se ve pretendidamente truncado. El empleo de recursos gráficos es característico: las pausas las va a representar mediante guiones de diferentes longitudes (-,--,----,...), que algunas ediciones modernas de la obra, incomprensiblemente, han decidido suprimir; su importancia, es, empero, capital para la lectura de la obra, cuyo estilo, y la forma de su discurso, se enmarcan dentro de la retórica: los guiones no representan incisos, como es habitual en castellano, sino pausas retóricas que ayudan al ritmo de la acción. En este sentido, a lo largo de toda la novela, Sterne va a romper los rígidos moldes en los que se enmarcaba la novela en su tiempo. Al narrarla en primera persona, y ofrecer la historia como una suerte de reflexión personal, va a crear una primera forma de lo que posteriormente se llamará monólogo interior.

Formalmente, además, la primacía del protagonista, algo característico en las obras de su tiempo, pierde importancia porque aunque Tristram narra la obra, aparece sólo en el libro IV y desaparece en el libro VI. Además, el autor ni tan siquiera se esfuerza por buscar la mímesis con lo real, que va a romper en diversos puntos al incluir reflexiones respecto a la gráfica del texto (cambios de tipos, una página en negro...), opiniones propias, apóstrofes al lector (apelará al lector llamándolo «buena gente», «señor», «señora», «milord»; incluso ofrece una página en blanco para que el lector pinte un retrato de su amada), réplicas a críticas contemporáneas, burlas... Las loas que ofrece a su «buen amigo» el actor David Garrick, por ejemplo, rompen completamente cualquier intento de realismo, e incluso hacen abandonar al narrador cualquier pretensión de ser Tristram. De hecho, el desenmascaramiento de toda presunción de realismo es algo central en todo el Tristram Shandy. Sterne, como antes hiciera su querido Miguel de Cervantes, efectúa una desmitificación de los géneros literarios más en boga en su tiempo — la influencia (reconocida en la propia obra) de Cervantes y de Rabelais se deja sentir no sólo en esto, sino también en el humor preponderante en la obra, de aires muy cervantinos, y que Sterne relaciona con las humoradas de Rabelais: el episodio de las narices es marcadamente rabelesiano.

El lenguaje de la obra es muy desarreglado. Cuentan que, cuando Samuel Johnson conoció a Sterne, le reprochó que obviara cualquier regla gramatical («Señor, usted no sabe inglés»), a lo que Sterne respondió que así era. Hace continuo uso de contracciones dieciochescas ('Tis por It's, receiv'd por received...) que dan un aspecto informal a la obra y pueden dificultar su lectura al lector moderno; la ortografía de nombres propios y de ciertos vocablos la da incorrectamente, y en muchos casos en su forma latinizada (por ejemplo, Simon Stevin es Stevinus). El léxico puede ser, no obstante, muy técnico y ajeno al lector común, sobre todo en aspectos tan concretos como la ingeniería militar o la teología. Además, ni siquiera está íntegramente escrita en inglés: al igual que hiciera Robert Burton, Sterne ofrece numerosos fragmentos en latín y en francés, que no siempre traduce.

Aparte de los aspectos formales, la obra es igualmente novedosa en cuanto a contenidos. En efecto, va a reclamar el lugar del sentimentalismo en la literatura. Así, el sentimentalismo con que el autor de la obra la empaña es algo notorio: episodios como el del teniente Le Fever, o el de la loca del Languedoc, parecen suponer una ruptura con la tradición literaria de la primera época ilustrada, literalista, más racional y menos sentida, y reclamar el lugar de los sentimientos en la vida humana. Para ello, Sterne no se limita a contar historias de carácter sentimental: al emplear recursos gráficos, como una página completamente en negro, Sterne va a tratar de evocar diversos sentimientos o sensaciones (en este caso, la muerte), de una forma muy novedosa. En este sentido se ha visto a Sterne como uno de los padres de la novela sentimental.
Votaciones

marisol
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rune
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anthony
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boromir
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librosenred
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constantine
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cretasol
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Sanedrina
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