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La búsqueda del diamante: el robo y la muerte
Votación: 8 PGS
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(por gonnan)
Y así pasaron las dos semanas, bajando algún que otro día Largen, que ya estaba recuperada de sus numerosas heridas, para verificar que todo estaba en orden y mantener lejos de la zona a los bandidos, que seguramente estarían haciendo sus fechorías en otro pueblo. Al tercer día de la muerte de Olaf, se presentó Vreked para llevarse la inerte masa del que fue mi mejor amigo a Salwernitana. Vreked presentaba un aspecto realmente saludable a no ser por su pierna izquierda, que era una mitad pata de palo y la otra mitad estaba de un color negrusco; el enano nos comentó que como la pierna siguiese pudriéndose habría que amputarla, y que por tanto, nos no sería muy útil en el campo para nuestro cometido final. Draken ya había despertado tal como dijo el curandero y había recuperado sus habilidades a un ritmo vertiginoso. Dispuestos pues, fuimos a concertar una cita en la comisaría de Winterthur con Tokay, ya que queríamos hablar con Tokay en privado y todo el grupo. -Hola, soy el mago Oigen Dicemi y veníamos a concertar una cita con el teniente Tokay, tal como nos había pedido-. -Lamento informarle-decía el policía que nos atendía- que el teniente Tokay falleció hace pocas horas en su casa-. -¿pero sabéis qué le pasó?- -Pues sí, el teniente Tokay sufrió una caída por las escaleras de su casa mientras estaba de visita el caballero sir Lavarked-. Todos con cara de asombro, nos volvimos a nuestro sótano alquilado. -¡Un accidente!- berreaba Draken- ¡leches que fue un accidente!, ¡fue ese maricón de Lavarked el que…-. -¡Ya esta bien Draken!- gritó Oigen- por mucho que grites no nos servirá de nada, Tokay esta muerto y no podemos probar que Lavarked le mató porque sabes que es imposible, así que tranquilízate-. -¿Todos sabemos lo que significa que Tokay este muerto no?-dije-Nos quedamos sin gancho, tendremos que entrar y salir y no morir-. -Pero ¿qué le pasa a Lavarked?, ¿porque nos amarga tanto la vida ese maricón? A lo que respondió Largen- cuando el otro día estuvo Vreked, me dijo Draken, que corrían rumores de que Lavarked se había dado cuenta de lo que le íbamos a hacer, y ahora nos intenta condenar, no lo consiguió a la primera porque a Tokay le interesaban más los bandidos que meternos presos, así que ahora liquida a Tokay para que entremos en la cueva y muramos, de ese modo Lavarked nos saca de en medio-. -pero nadie va a morir, y además yo no se lo que le íbamos a hacer a Lavarked así que mirad, o me lo contáis o me desligo de este asunto…- Nos acababa de amenazar Seneka y los que sabíamos los planes intercambiábamos miradas nerviosas. Si bien Seneka había entrado en el grupo mas de rebote que por búsqueda, había estado con nosotros desde los inicios del viaje y se había comprometido a servirnos, así que accedimos a contarle los planes que habían desde ese momento hasta un futuro medianamente lejano. -Ven aquí Seneka, el maestro Oigen te lo revelará todo-. Y así Seneka quedo enterado de nuestros planes. A la mañana siguiente decidimos ir a la mina donde nos habían informado que estaba el diamante, fue un viaje desde el alba hasta el mediodía y por esa zona de montaña se dejaban caer los primeros copos de la estación de invierno. Una vez allí, observamos que había mucha seguridad, solo que estaba mal camuflada, como por ejemplo, un grupo de fornidos guardias disfrazados de mineros haciendo como si descansaran en la entrada de la mina, ya que portaban espadas y no picos o palas… Viendo al tipo de cosas que tendríamos que esquivar fuimos a una especie de posada que había cerca de la mina, en la que se hospedaban todos los mineros. Conseguimos un par de habitaciones libres, y nos las quedamos para al menos una semana. Luego decidimos ir a buscar trajes de mineros, para colarnos, se compraron tres, uno para Seneka, otro para Oigen, y otro para Draken. Largen y yo pasaríamos escondidos en un carrito que habíamos visto, y que estaba fuera de la vista de los guardias. A los dos días vimos que uno de los guardias no estaba, así que decidimos aprovechar esa oportunidad y, disfrazados los tres hombres de mineros, Largen y yo nos metimos en el mismo carrito que habíamos visto; nos cubrieron con una manta y entramos a la mina. El ambiente era lúgrube; había poca luz, y mucha humedad; vimos que los mineros se preocupaban mas por ellos mismos que por nosotros, así que Oigen le preguntó a uno de los mineros que iba hacia el exterior de la mina hacia dónde se iba a la cueva del diamante, ya que estos tres, que estaban visibles, eran la guardia del diamante. -tenéis que ir a la galería mas profunda, que es bajando por esa zona, y luego tenéis que entrar no por la puerta, que es una trampa, sino por otra puerta camuflada en las rocas; después que estéis dentro, habrá otra puerta, cerrada, pero no con llave, en la que no entrareis, porque dentro esta el dragón protegiendo el diamante. Vosotros haréis guardia delante de esa puerta. Por si os interesa, el diamante esta en el centro de la sala, delante el dragón,; esa sala es muy estrecha y baja, y no tiene otra entrada que esa puerta. -a lo que contestó Oigen- gracias, amigo, has salvada a Areugnam de un gran problema. Así bajamos tratando de esquivar a la mayor gente posible, haciendo guardia sobre el carrito, en el que estaba con Largen, y con una gran tensión, pues solo oíamos, no veíamos. Bajamos hasta la sala que nos había indicado el minero anteriormente, entramos a saco en la pequeña sala y nos desconcertó ver que no había ningún dragón, así que Seneka se encaminó hacia el diamante, lo cogió, pero cuando sus manos tocó el diamante, salió un dragón de la nada, escupiendo fuego a diestro y siniestro, pero un ya prevenido Oigen le lanzó un hechizo aturdidor, pero rebotó en su fuerte piel, y fue a parar a la pared, de la que cayeron rocas, así que Largen le lanzó dos certeros flechazos a los ojos del dragón, ya que si no veía, le costaría mas acertar,, y cuando nos acercábamos a la puerta, una gran llamarada nos cerró el paso, y al desaparecer, llegaron unos cuantos guardias, de los que entre Draken y yo hicimos trizas, a uno le alcanzó mi hachazo en el cuellos, y a otro le corté la cara en dos, mientras que Draken había logrado, primero con un salto certero clavarle su espada hasta el corazón desde la clavícula, y al siguiente le atravesó, de abajo hacia arriba la espada. Corrimos tanto como nuestras piernas, algo quemadas, pudieron, con el diamante bajo los brazos de Seneka, salimos de la mina y echamos a correr hasta la posada, donde robamos unos caballos, y salimos al galope de la región de Ringló. Al atardecer llegamos a Pritta, suponiendo que aún allí no sabían lo que se estaba por cocer, y comimos, lo mas apurados posibles, y salimos otra vez a toda prisa con los caballos. Al llegar el bosque donde la vez anterior nos habíamos perdidos, decidimos seguir el sendero, que era una opción rápida pero no menos peligrosa, porque empezaba a oscurecer, y a la falta de media hora para entrar en Salwernitana, dos bandidos nos detuvieron. Largen mató a uno y Draken al otro; seguimos sin pararnos, pero creíamos que quizás ya en Salwernitana supieran lo del robo. No paramos, fuimos tan rápido como pudimos para cambiar los caballos que teníamos por otros descansados, no sin antes dar una buena suma de dinero por los tres caballos. Salimos por la entrada este de Salwernitanta, y había un pequeño bosque que en una hora ya habíamos superado; seguimos al galope, muy cansados físicamente, pero la recompensa valdría la pena. Al amanecer llagamos a Toirram, comimos un desayuno en la posada, y subimos lo más rápido posible al palacio, dónde llamamos a la puerta, y nos recibió el mismo sir Lavarked. -Tenía ganas de veros por aquí- dijo con una voz maligna- antes de recibir vuestra recompensa, tendréis que presentaros ante el Rey-. Y así fuimos, dando casi por terminada la historia del robo, pero la cara del Rey mostraba una gran desilusión, mezclada con ira y goce. -Bien, lo habéis conseguido-. Pero para recibir vuestra recompensa os pido solo dos cosas: que me acompañéis hasta donde voy y que os quitéis las armas. Ante la mala cara de Draken dijo: soy muy viejo para atacaros, y más aún para venceros, porque sé lo que hicisteis, pero también sé lo que ibais a hacer, por eso, tenéis que seguirme. Caminamos ante un balcón, debajo había demasiada gente, feliz, quizás, enfadada, también. Solo tengo una pregunta: ¿que hacen allí cinco guillotinas?-preguntó Draken -.jejeje son un regalo por intentar traicionarnos- respondió Lavarked Y de la nada aparecieron muchos encapuchados, que nos llevaron a nuestras correspondientes guillotinas. -. Antes de ejecutarnos,- dice Largen.- ¿cómo os enterásteis de nuestras futuras acciones? Vreked seos traicionó, y ahora vivirá como alcalde de Salwernitana. -bueno,-dice el Rey, que estaba acompañado por mucha gente-. Es la hora de que digáis vuestras últimas palabras. Y los cinco a la vez! ADIOS, MUNDO, ME ALEGRO DE MORIR DESPUES DE ESTO! Se oyó el sonido del acero cortando el viento, yo pensé que poco después volvería a ver a Olaf. Se puso todo negro, deje de sentir pero sentía como me iba. Ya nada tiene marcha atrás. Nuestra codicia se convirtió en nuestra ruina. FIN
boromir
(27/03/2006)
Un final estrella.
camus
(27/03/2006)
Un final soberbio Gonnan. HAs realzado la historia en un desenlace entrevisto en su idea pero en absoluto deducible en sus pequeñas motas. Un relato de oro chico. (Advertencia a los nuevos: leed antes el capítulo uno antes que este final... que si no os lo cargáis)
rune
(28/03/2006)
Se nota tu mejoría entre las tres partes. Unos diálogos más cuidados y entretenidos, unas exposiciones más claras, y sobre todo, buen toque final.
wizard
(29/03/2006)
Te ha quedado 'bordao' Gonnan... una historia que tres partes muy conseguida. Por cierto... me quedo con Olaf, me cae bien. :)
halen
(31/03/2006)
Sin duda, el mejor de la saga. Bueno, bueno.
pagaegui
(31/08/2006)
Con este relato completas muy bien los demás.
aracne
(06/09/2006)
Una gran final, aunque muy trágico, sin duda. Has ido mejorando mucho desde la primera entrega.
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