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Destinos Cruzados (parte 4)
Votación: 10 PGS
(
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: 19 / Comentarios: 12)
(por wizard)
Y bueno, la cuarta entrega de esta novela que cada vez se va complicando más y más. Sin más dilación continúo con Vier y su vida... La lumbre se apartaba de mí, se alejaba en un futil intento de abandonarme en la oscuridad más absoluta. La ventana medio cerrada filtraba apenas unos débiles visillos de luz decadente y apagada. El saco que Bacirol sustentó en sus hombros hasta el día de su muerte yacía ahora frente a mí, encerrando algún secreto que, incluso antes de abrirlo, sabía que me impresionaría. Me dirigí hacia el mismo y lo tomé entre mis manos; era un saco de capacidad media, con un peso no superior a las dos libras y que contenía algo insonoro. Tomé asiento en mi sillón, junto al quinqué medio vacío, e inhalé bien fuerte de mi pipa. Una lágrima de sudor resbaló estudiadamente por mi mejilla derecha hasta salir de mi cuerpo y precipitarse en el suelo. Me recordó el fatigante andar de aquellos días junto a mis dos compañeros, el cómo pudimos seguir adelante, ... lo terrible que sucedió ... la espada clavada en Bacirol, su sangre... "No pienses en esas cosas ahora. Todo acabó." -me dije amí mismo en un intento infructuoso de calmarme- "De todas formas tanto Dévora como Bacirol están muertos, tú lo viste con tus ojos. Esa que anda matando por ahí no puede ser ella, y este saco tiene que ser una maldita casualidad, una broma, o cualquier otra bastardada.". Sí, así era yo, cabezón honoris causa, empecionado en un razonamiento por muy evidente que fuera lo contrario. Sin más dilación, abrí el saco. Dentro hallé con la vista tres objetos que fuí sacando con sumo cuidado y lentitud; lo primero que retuve en mi mano derecha era un medallón de gran tamaño elaborado en un metal noble. Varias inscripciones y una escritura en Rúnico recorrían su perímetro, mientras que el diseño de un águila con las alas abiertas coronaba el centro. Lo deposité sobre la mesilla, cerca del quinqué cuya luz comenzaba a temblar -como mi respiración-, y saqué el segundo objeto. Éste pesaba casi la totalidad del saco y consistía en un libro de antigüas proporciones y con remaches de hierro puro sobre unas bisagras que impedían su apertura. El título del mismo rezaba: "Crónica de una espada azul". No me interrogué mucho qué podía significar eso, sino que más bien deseaba ver que más iba a descubrirme el petate. Dejé el compendio sobre el reposamanos derecho y vacié el saco con una cajita de madera noble con un clavo incrustado en su boca. No tenía ninguna inscripción identificadora ni nada más, sólo la barrera del clavo. Tirado por la curiosidad tiré del mismo y la caja quedó semi abierta; vibrando con la yema de los dedos abrí la cajita justo cuando la puerta volvió a tronar. Cerré de nuevo el receptáculo y me dirigí veloz hacia allí, como queriendo alejarme de aquellos souvenirs que tantos recuerdos me arrastraban. En la puerta había una joven de aspecto libiana y semblante frío. Era una chica de temprana edad, vestida con ropajes de poco fiar y con unas manos en continuo movimiento. Su rostro infantil reflejaba una picardía y un deseo extraño, aunque la numerosa pintura con la que lo destacaba le identificaba como una de esas "mujeres públicas". "¡Sí!, ¿qué quieres?.", dije de una forma directa tras abrir la puerta de sopetón. La chica no pareció sobresaltarse, como si me conociese, y se limitó a acercarse e inundarme con su hermética fragancia a azahar. Su vocecita me comentó entre balbuceos: "Vengo de parte de Rita, que han vuelto esos hombres que le buscaban ayer, y que andan preguntado por ahí si volverías hoy. Están sentados y ahora son tres más. Llevan muchas armas y usted sabe que Rita no quiere que le hagan daño." Rita... la habré hecho mía unas quince veces en total, aunque mimos y tonterías hemos tenido casi continuamente, especialmente cuando circundo la taberna donde desempeña su labor de camarera. "Y sin embargo... se preocupa por mí... o más bien lo ha hecho para evitar posible derramamiento de sangre en la taberna..." -divagué en voz alta mientras la joven me observaba con símbolo de interrogación- "¿Y qué querrán esos ahora de mí? Esto es una mierda...". Cuando me dí cuenta la visita estaba andando hacia atrás con su mirada de rareza clavada sobre mi persona. Avergonzándome un poco, bajé el rostro y me introduje de nuevo en mi hogar. Le dediqué algo más de tiempo al tema éste hasta que instintivamente me senté sobre la butaca hundida y observé el libro que reposaba a mi lado. Desvié la mirada raudamente hacia la cajita de madera que abrí nada más llegar la aprendiz aquella y la ví en una esquina. La así y observé con asombro su contenido: una gema de color ámbar. Era ovalada y sus tonalidades cambiantes a capas más cálidas o frías dependiendo de cómo le incidiera la luz. Un libro, un medallón con escrituras rúnicas, y una gema -presumiblemente un ópalo según mis modestos conocimientos de la materia- se presentaban ante mí como un recuerdo que volvía a visitarme... "Qué rayos es todo ésto? ¿por qué..?" Me formulé estas parcas preguntas hasta que decidí abrir el libro y abocarme en su lectura. Abrirlo no fue tarea fácil, aunque merced a un buen destornillador del calibre 5 con un martillo de fijación chapada lo forcé sin problemas; a continuación me serví tres cuartos de vaso de anisete "Fren Mir" y tomé asiento en el diván para enfrascarme en la lectura del ejemplar. Se oían gritos de mujeres quejándose por un accidente ocasionado a causa del descarrilamiento en la calzada de un carruaje de provisiones. Los jóvenes mozalbetes aprovechaban la ocasión para rapiñar todo aquello que los dos enfurecidos conductores les permitían entre amenazas y pequeñas huídas tras ellos. La casa de la Tasación ya cerraba sus puertas, al igual que el gremio de hilanderos. La plaza central a lo lejos se veía opaca y con todos los carromatos tapados por gruesas lonas. No obstante, una música de bandurria desafinada se escapaba de alguna que otra taberna. Los gruesos pergaminos que componían el libro fueron devorados por mi insaciabilidad de saber más, y lo que allí leí me satisfizo en sumo grado. Mientras observaba el accidente por el ventanal de mi salón, recordaba ciertos pasajes... "...el agua se acaba, y siento cómo eso se aproxima. Siento frío dentro de mí, empiezo a notar su poder. Quiero morirme pero no tengo el valor de hacerlo. ¡Dios sálvame!..." "...mi sangre brota con la suya en cada pálpito, en cada muerte con la que la alimento. Siento sed y deseo, miedo y satisfacción. Me siento tan especial..." "Ya no existe Dios, sólo existimos nosotros. Soy un Dios, y por siempre lo seré. Nada ni nadie acabará con mi destino o con mi gloria. Estoy tocando lo que tan sólo soñé." "...te encontraré, pero no sabré cómo hablarle, ni cómo sonreírle, ni cómo expresarle mi amor. Él me verá pero no me conocerá porque somos diferentes, aunque su sangre la llevo en mí, en cada sueño y despertar. Él es mi parte de mi vida." Muchos más textos se sucedían de igual forma, dejando entrever ciertos rasgos acerca de una persona pero que no me atrevía a pensar quién. Lo que sí razonaba nítidamente era el autor de la exposición: Bacirol. El saber de quien hablaba me intrigaba de tal forma que la botella llena de anisete llegó a estar más vacía que el vasito con el que me servía continuamente más. Al final llegué prácticamente al final de la escritura; ya no se oían ni siquiera a los pájaros nocturnos, el carruaje que volcó fue retirado horas antes, y los jóvenes se hallaban descansando. Sólo los mendigos empezaban una noche despiertos... los mendigos y yo, aquí leyendo. La parte final rezaba lo siguiente: "Ironías de un dolor que nunca debí haber parecido. Nunca hallé a Freteol..." - ¡¡ese era el nombre de mi padre!!. Seguí leyendo con más donosura, de pie frente al candil mayor del salón - "...mi hijo al que renuncie por esta sangre maldita. Dios me aparté de tí, y tu justo castigo ha hecho que su muerte haya sido fuera de mi visita. Sin embargo mi búsqueda continuará con la santidad que me prestó Dar Abbib, el monje del monasterio de la Sagrada Higuera. Gracias a sus conocimientos y a mí consagración a obtener el 'Taugris' y la 'Oparina' lograré salir de esta red y buscaré a mi nieto, aquel que nació fruto de mis hojas y de las de Samir de Lisbon." - el vaso se precipitó al vacío cuando leí este nuevo nombre, esta nueva referencia a mi vida que ya definitivamente la hacía mía. Samir de Lisbon era el nombre de mi abuelo por parte de mi madre, Lluanda de Lisbon. ¿Quería ésto decir que yo...? No osaba ni a pensarlo. "Se que esta vivo, se que tampoco él conoce mi desgracia, mas limpiaré mi maldición y me consagraré a hacerle un hombre infranqueable, alguien que ahuyente al miedo y lo provoque con su presencia. Le encontraré." Perplejo me quedé pensando en todo, lo volví a releer de nuevo intentado sacar algo más de la lectura, y lentamente ví como el Sol alumbraba la ciudad. Ésta se volvía a llenar de vida con los mercaderes que traían pescados frescos e ingredientes extraños para su venta en la plaza, mientras los niños comenzaban su continuo juguetear. Mis ojos aguantaban aún, mantenían ellos sólos el peso de mi cuerpo, y mi mente... mi mente iba por otro lado. Bacirol era el padre de mi padre, mi abuelo, alguien que yo suponía muerto hace unos 190 años... ¿cómo era ésto posible? Se hablaba de maldición y no se qué historias más, mas ¿creería yo en algo así cuando dediqué toda mi vida a demostrar su inexistencia?. Entre cavilaciones y lectura, entre el corroído forro del diario revelador sobresalía un pergamino. Lo saqué con extremado cuidado aunque su estado era bastante bueno; su lectura decía: "Vier soy yo, Higuer, tu abuelo. Mi nombre Bacirol así cómo mi cuerpo imperecedero son fantasmas de lo que en verdad fuí, por lo que te pido un golpe de credibilidad y deposites tu fe en mí. Yo te ví nacer, y era quien te pelaba las castañas ardientes cuando tus manos aún no podían. Yo fuí quien murió en la batalla de los Bornes... y yo soy quién volví a la vida nadando entre sangre negra. Este mensaje lo dispuse aquí para cuando mi vida se extinga expiándome de todos los pecados que en vida cometí. A mucha gente succioné para satisfacer mi hambre, y a mucha gente amedrenté y golpeé con el fin de demostrar un poder que, a fin de cuentas, nunca he ostentado. Soy un miserable que ha muerto. A tu padre no pude excusarme pero contigo lo haré, aunque sea por escrito, pues si te lo dijera no me creerías. Cada vez me siento más débil, pero he de vencer mi cruel enfermedad con valor y coraje. Debo ser mayor que mi deseo para demostrarte lo que un hombre de verdad es. Es de noche, y tú reposas como un niño recién nacido, inconsciente de lo peligroso que hubiera sido yo unos años atrás. Ahora no te preocupes, yo te protejeré de todo mal... hasta que mi sangre no se seque. No obstante Dévora te ayudará pues esta noche le daré lo que durante tanto tiempo me ha estado pidiendo: la fuerza de la sangre. Me moriré habiéndole contagiado, una más, pero se lo merece. Su pueblo ha sufrido durante años muertes injustas, vejaciones, y violaciones por parte de furtivos y demás gente. Su deseo de venganza es justo y si puedo ayudarla de esta forma lo haré. Ella es una mujer inteligente y sabe dónde se mete. Por lo demás nada puedo hacer. Vier, conviértete en un hombre más fuerte, y emplea tu soberana inteligencia para conquistar todo lo que anheles. No recurras a mi destino porque te arrepentirás. Se despide de tí, tu abuelo, sangre de tu sangre, Higuer." Mis labios estaban secos, no salivaba ni la respiración. Me encontraba empotrado en una esquina del dormitorio y ni siquiera sabía cómo había llegado allí. Mi querido Higuer se dejó llevar por la facilidad de un vampiro, un siniestro que le manchó de poder. Pero, ¿cómo iba a creer yo tal historia?. Los vampiros eran seres mitológicos, siempre demostré su inexistencia, y las pocas veces que me encontré con uno de "ellos" resultó ser un individuo con una enfermedad crónica mental o con algún tipo de deficiencia hormonal. Los vampiros existen tanto cómo los dragones, así que... ¿a qué venía esta farsa?. He de confesar que por un momento empezaba a asimilar todo, pero afortunadamente recobré la cordura y me detuve. "Como coja al desgraciado que anda por ahí gastando estas bromas..." - fuí pensando mientras cerraba la puerta de casa y me dirigía a la taberna, a ver a mis amigos para olvidar estos sucesos. Durante tres semanas y dos días estuve indagando sobre la cínica misiva en forma de petate que recibí, pero nada se sabía. El mensajero que me la entregó sólo se limitó a responder que se lo entregó "alguien" que le pagó generosamente por hacerlo rápido y de forma segura. ¿Quién? ¿dónde? eran preguntas demasiado vanales para un mensajero con múltiples encargos. Desde que llegó a mis oídos aquel posible rumor acerca de Dévora hasta la recepción del maldito petate tuve la extraña sensación que esto no había acabado... no me equivoqué. El medallón fue descifrado por unos traductores de la ciudad del Ulfo, y según ellos era una especia de cántico ritual hacia un Dios de la muerte. Por otro lado la gema se llamaba 'oparina', tal y como decía el libro, y era muy poco frecuente por estas regiones. Tomé todo, lo volví a introducir en el saco de recepción, lo anudé con una fuerza sobrenatural, y lo esquiné en el baúl de la salita, tapándolo bien con ropajes y sábanas. Este era el punto y final a una historia que no debía haberme sucedido y que no quería pensar que podía hacerlo. Mi mente debía ser educada nuevamente en la idea de que mi abuelo murió en la batalla de los Bornes y que mi padre me dejó de viaje al puerto de Greme. No existían los vampiros ni nada semejante. Los días pasaron veloces, y entre el creciente trabajo, los amigos, y las borracheras, las semanas también. La primavera sucumbió ante un verano especialmente frío, y fue entonces, entrando en el mes de Mayuno cuando la verdad de mi destino se me abrió. Las ventanas de mi morada volvían a entrechocar con la buhardilla merced al creciente viento de estos días. Debía arreglarlo, pero cualquier excusa era válida para dejarlo para otro día. El olor a café se escapaba sonoramente de la cafetera en ebullición, y mientras yo terminaba el cómputo de gastos de un grupo de hombres que fueron enviados por el gremio al que pertenezco a una investigación referente a un hombre de tamaño gigante. Estaba arropado con un mantón de plumón que satisfacía con creces mi temperatura corporal. Extrañamente la lumbre de la vela cimbreó y se extingió; tomé el yesquero próximo a mí y la volví a encender cuando el rostro de ella se presentó ante mí, a tan sólo tres metros. Mis manos temblaron y dos lágrimas me bañaron. Mi corazón deseaba fervorosamente salir de mi pecho y mi respiración era historia pasada. "¿Qué...?" - fue todo lo que pude articular cuando ella, viendo mi terror tomó la palabra - "Tranquilo Vier, tranquilo. Tenía ganas de verte eso es todo. No me temas pues no voy a hacerte daño.". Sinceramente lo que me dijo me ennerveció más aún, y cuando recobré la movilidad de mi febril cuerpo me eché para atrás de un galope. Me encontré con la pared, y fuí recorriéndola con las palmas de las manos hacía la cocina. Ella desapareció de mi vista tan pronto como pestañeé. "¿Estas ahí?" - dije con poco éxito - "¿Sigues ahí?". Unos minutos pasaron cuando me toqué la frente totalmente mojada y me senté en la cama. "Menuda pesadilla de mierda. Tienes que descansar más Vier, tienes que dormir." Ese era mi escéptico pensamiento, que se vino abajo cuando apareció de nuevo. No sé si estaba ya allí cuando entré a la habitación o verdaderamente apareció en frente mía, pero estaba allí en cuerpo entero. Su preciada piel la recorría una capa envolvente abierta aterciopelada de color magenta. Su rostro y su cintura seguían igual de libidinosas como cuando la conocí. Era la visión de una fantasía. "¿Qué haces aquí? ¡Vete de mi mente!" - chillé angustiado mientras le señalaba con el índice. "¿Que me vaya?" - me dijo ella contoneándose y seduciéndome con hábil maestría - "Vier he venido a verte. No me eches tan pronto si ni siquiera me has oído hablar." "No quiero saber nada de tí, ni de Bacirol, o cómo rayos se llame, ni de nadie de vosotros... ¡márchate!" Así hablé porque así de asustado estaba, pero ella continuaba en su receloso coqueteo. "Veo que sabes algo de mí ¿eh?. ¿Has oído historias mías acaso?". Le miré fijamente saliendo de su telaraña de fascinación; me sentía más atraído que nunca hacia su cuerpo perfecto, pero el odio y temor de mi mente me retuvieron a dejarme llevar en sus pechos. "Sí, he oído cosas sobre tí... de por ahí... que andas matando a cierta gente. Nobles, niños y otros que ahora no recuerdo." Ella se sentó con extremo cuidado en la cabecera de la cama, y tras echarme una seductora mirada se recostó. Mi cuerpo comenzó a andar hacia ella, mis ojos se abrían ante sus piernas desnudas, mis piernas sudaban al imaginar el roce de sus manos, y mi corazón estallaba en lamentos de sentir su calor. Me senté en la cama anodadado y le pregunté: "¿Quién eres?." "Soy Dévora, la que te salvó la vida querido Vier. ¿Ha pasado tanto tiempo para que no me recuerdes?." me dijo con media risa pintada en su rostro." "Ha pasado bastante tiempo, pero tú veo que sigues igual... no puede ser... no existen..." empecé nuevamente a dejarme llevar por mi cabezonería y a negar lo ineludible, cosa que ella me hizo ver. Su capa se abrió sóla, movida por un azaroso viento que emergió de la nada, mostrándome su belleza íntegra. Sus labios se volvieron carnosos como la seda y sus ojos brillaban en tonalidades rojizas. "Te comería a besos si no fuera porque tu abuelo me dignificó con su beso. Eres de lo más patético, débil, enclenque, y ni siquiera eres capaz de satisfacer a una mujer que te gusta. Sólo sabes pensar y pensar y pensar..." Lo cierto es que me había hecho una lectura mental, parecía la sombra que había vivido conmigo durante todo este tiempo, viendo mis virtudes y, sobre todo, mis defectos. No obstante me levanté y le gemí: "Lo que yo haga es asunto mío. Yo al menos no soy un asesino perseguido por los del cuervo..." "¡¡Ahhh!! la orden del cuervo." - me interrumpió con los ojos entrecerrados - "Unos personajes de lo más peculiares ¿no crees?." Su mirada indicaba que los conocía y que algo malo les había sucedido, mas yo no osé cuestionarle nada. Me quedé en silencio observándola hasta que ella se alzó y contoneó su cintura de una forma inimaginable, con una soltura que sería la envidia de Rita. "Viendo que quieres retener tu cuerpecito al placer pasaremos al segundo punto para el que he venido ¿vale?." Siempre cargaría con ese peso de haberme acercado un poquito más a ella y haberla hecho mía en delirio, pasase lo que pasase después. No obstante no lo hice. Ella arrimó la comisura de sus tersos labios a mi copa de anisete barato y absorvió su contenido de una inhalación, cerrando ambos ojos en el proceso. Desde esa posición siguió diciéndome: "He venido para cumplir la promesa que le hice a Bacirol en su día. Le prometí que vendría a ver cómo te iba... " - a continuación me miró de reojo con sus dientes blancos brillando entre las nacientes sombras - "Y ya veo que estás hecho un asco, y encima que sólo le gustan las putas tontas." La recordaba más cariñosa y menos arisca, pero posiblemente me equivocase. Ella nunca había sido muy atenta, pero tampoco manejaba su cuerpo con tanta clase y atracción, demasiada para alguien tan poco resistente cómo yo. "Tú estabas muerta.. te cogieron entre esos y te mataron, recuerdo cómo..." Nuevamente volvió a tomarme la palabra con una seguridad total: "¿Me viste muerta? Tú sólo temías por tú vida y te apenabas por la mía, pero no era así. Disfrutaron sus últimos placeres conmigo...." "¡No es cierto!" -chillé levantando ambos puños- "Yo te quería, te estimaba y me sentí como una maldita cucaracha por no defenderte cuando esa gente te tomaba." Sonrió latentemente y se me acercó hasta el punto que pensaba que iba a besarme hasta que se detuvo en mi aliento entrecortado y me dijo: "Olvídate de tu amor pues nunca lo conseguirás conmigo. Yo soy de la noche.". Me heló la sangre. La noche se detuvo en esa noche justo. No sentía frío ni calor, dejé de sudar y de oir mi respiración entrecortada. Ella seguía tan imnplacable como seductora ahora en la esquina de mi mesa de trabajo. Entonces, siempre a distancia, le pregunté: "¿Qué pasó?." Fue una pregunta corta y parca, pero lo suficientemente concisa cómo para que Dévora me entendiese y me respondiera respectivamente. "¿Siempre tan curioso eh?. Tu abuelo era un vástago, un hijo de la noche, o como quieras que nos llaméis vosotros." -Me percaté de su inclusión en ese tipo de raza- "Él estaba obstinado en tí porque eras el hijo de su hijo al que no pudo rescatar de su muerte. Tenía el poder de las tinieblas y lo rechazó para redimirse de su mal al aceptarlo. Afortunadamente aceptó cedérmelo antes de abrazar a su último suspiro. ¿Acaso crees que lo mataron esos orcos famélicos? Él podía con veinte como esos, sólo que hacía cinco días que no se alimentaba y su cuerpo comenzaba a debilitarse hasta que alcanzó su muerte." Según mis escasos conocimientos relativo a la leyenda del vampiro, éste no podía ser tocado por la luz diurna y se lo hice saber a mi contertuliante a lo que ella me respondió con una sonrisa hablada: "¿También piensas que somos alérgicos al ajo y que una estaca en nuestro corazón nos paraliza?. Vier, tienes que abrir tus ojos y creer empíricamente y no abstractamente. Tu mente imagina, pero tus ojos ven." Una frase muy cierta, pero no del todo convincente, aunque pocas opciones me prestaba. "¿Y tú? ¿También eras como él?" le dije con más seguridad y confianza. "Cuando él se alimentó de mi sangre la primera vez sentí cómo el deseo me inundaba no desde fuera sino desde dentro de mí. Fue una experiencia fantástica, y además todos esos poderes de fuerza y oscuridad... Se lo pedí un millón de veces hasta que el día antes de su muerte me hizo suya con sangre." Entonces recordé aquella noche en la que ambos se fusionaron en el lecho de descanso cuando mis ojos empezaban a enamorarse de esta reina de la belleza. "Me hizo probar su destino y satisfació mi demanda. Fue un hombre loable, aunque confundido por no aceptar su extraordinario destino." "¿Y tú no eres cómo él, verdad?" - le dije con extremo descaro. "Vier cariño, - me esbozó - he venido a ver cómo estabas pero no me tientes a destrozarte. Calma tus ánimos de grandeza y baja donde debes. Sólo quiero que sepas que tu abuelo era una persona excepcional y, al menos a mí, me demostró extrema dulzura. Si no hablaba mucho con tu presencia era porque se atemorizaba de meter la pata. Eso es todo." A continuación se levantó y camino en absoluto silencio hacia la puerta. Ésta se abrió conjurada con una bocanada de aire y ella se apostó en el dintel mirándome. "¿No quieres que me quede esta noche?" Por un momento dudé, pero finalmente cerré mis traicioneros ojos y abrí mis labios negativamente. "Dices que te sientes mejor ahora, mas yo te recuerdo mejor. Tu cuerpo sigue igual de bello, aunque tu interior está marchito; hasta hoy seguía soñando contigo a mi lado, - abrí los ojos y la ví mirándome con semblante de enfado - pero a partir de hoy dormiré tranquilo sabiendo que esa persona murió. Tú sólo eres una copia imperfecta." Ahora era yo el fuerte, el que levantaba su cabeza como un rey, y ella la que apartó su fina mirada de la mía, implacable. Miró hacia fuera, hacia su reino de oscuridad y, tras unos segundos de duda, se fusionó con él. A continuación me arrodillé y comencé a negar con la cabeza todo aquello... Lentamente la noche nos sumergía a todos, humanos y vampiros, en su manto de secretismo e inocencia. Muchos de mis sueños se recrearon para hacerse una realidad nefasta, y mis fantasías nunca existieron. Mi lógica se fue derrocando a sí misma con una incongruencia tras otra hasta llegar a la fatal conclusión de mi vida. Nunca más volví a saber de Dévora ni de Bacirol, nunca los volvería a ver, pero mi historia no acaba aquí. Tenía que saber algo a cerca de mi familia, qué les pasó, y que extraños sucesos rodearon sus muertes. Iría al lugar donde fenecieron y averigüaría qué les sucedió. >>>>> FIN DE LA CUARTA PARTE.
aragorn
(07/02/2005)
esta guapisima esa cuata entrega colega.
marisol
(08/02/2005)
si te digo q me sale la baba y alguna lagrima en mi interior no te miento. me has conmovido por la vida del pobre vier y como estando enamorado de sa devora ha sido capaz hasta de renunciar por la vida.
es preciosa la historia y la moraleja wizard. ¿aun queda una quinta parte no?. la espero con muchos deseos.
..:: invitado :
(10/02/2005)
es genial, se acerca a la perfeccion, y esperamos la quinta parte.
galadriel
(14/02/2005)
ya te vale!!!! publica la parte q falta!!!! ahora!!!! q me dejas en ascuas!!!
sonador
(16/02/2005)
joer.... sabes que? esperaba este momento de encuentro con devora de nuevo. Cuando pusiste que moria... pero PEDAZO de resolucion....
macho mereces el oscar de esta web!!! inventalo ;)
boromir
(22/02/2005)
¿¿aun hay mas?? pues vamos a leer ese final... pro cierto wizrd.. el argumento es de 10!
aguila
(28/02/2005)
Acabo de leer todos los capitulos.Y de todos este es el mejor. No cabe duda eres bueno. literalmente has hecho el amor con esta parte de la historia.
fenix
(08/07/2005)
Me sorprendes mucho con tu talento narrador...
Espléndido Wizard.
nanih
(14/07/2005)
Como esperaba, es fantástica!
halen
(11/11/2005)
Muy bueno, la verdad es sorprendente.
pagaegui
(31/08/2006)
Esto es un ejémplo de cómo escribir perfectamente.
aracne
(06/09/2006)
¿Te has planteado en publicar con alguna editorial? Escribes de muerte!!
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